5 razones para rodar en bicicleta de piñón fijo
Antiguamente, los ciclistas usaban mucho las bicicletas de piñón fijo durante su preparación invernal, y lo cierto es que la explicación es bastante convincente.
1 Entrenamiento constante
En una bici de pista o de piñón fijo nunca puedes dejar de pedalear. En teoría, eso significa que trabajas todo el tiempo: sin rueda libre no hay forma de relajarse. Rodar en fijo te permite aprovechar al máximo el tiempo sobre la bici, y en invierno el tiempo suele ser escaso.
2 Piernas más potentes
Con piñón fijo todo pasa a otro nivel: arrancar desde parado te hace ganar potencia, no poder dejar de pedalear te da resistencia y, cuando tienes que frenar, tienes que hacerlo reteniendo con las piernas. Así que esas piernas de pollo acabarán con buen músculo.

3 Mejor técnica
Tus reflejos y tu habilidad mejorarán: como solo cuentas con tu técnica y la fuerza de tus piernas para frenar, tendrás que desarrollar distintos movimientos para detenerte a tiempo: retener, hacer eses, derrapar… Tendrás que estar atento a obstáculos, coches, tráfico y semáforos, lo que te hará más rápido y agudizará tus sentidos, por la cuenta que te trae.
4 Contacto directo
Tus pies y la rueda trasera están conectados sin que se pierda apenas un ápice de fuerza por el camino. Sentirás la bicicleta como una extensión de tu propio cuerpo y llegarás a conocer cada milímetro, cada pieza y cada vibración o torsión que se produce en ella.
5 Poco mantenimiento